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BLOG | El pecado de casarse joven

10/11/2018 04:53 AM Por: Andrea Ortiz

@soyandreortiz

Tengo 27 años y desde hace 3 estoy casada… Esta frase me ha valido más caras de asombro que confesar una adicción o algo similar. Pero no termina ahí, mi esposo fue mi novio durante 7 años, lo que quiere decir que lleva conmigo cerca de la mitad de mi vida.

Me causa mucha curiosidad ver cómo reacciona la gente al oír mi estado civil, sobretodo porque, sin pedirlo, me comparten sus teorías sobre el amor y la familia. Sexo alocado, rumba, alcohol, o simplemente viajes y aventuras por el mundo son sus razones sobre porqué casarse antes de los 35 o 40 años es un sacrilegio a la juventud.

En una época en donde el compromiso pasó al último plano, casarse joven se convierte en un pecado. Ese anillo en el dedo es la marca que te pone edad y te quita sensualidad a los ojos de solteros ávidos de cariño y aventuras.

Ya he perdido la cuenta de las veces que un hombre se queda a mitad de un cumplido al acordarse que estoy casada, o me trata como la tía puestecita en su lugar que no puede escuchar alguna frase obscena; como si mi estado civil me convirtiera en una persona diferente.

Pero esto no ocurre solo con personas externas. En mi propio círculo familiar el matrimonio es un sello que, se supone, me permite o no ciertas cosas. Por ejemplo, según mi abuela (90 añitos), no debo mostrar pierna porque soy una señora, aunque lo cierto es que andaré de mostrona hasta que la várice aparezca y lo arruine todo.

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¿Dónde queda el coqueteo con extraños? ¿Las rumbas hasta el amanecer? ¿Se acabaron las salidas de solo chicas? ¡Se acabó la “vida”! Lo cierto es que no hay nada más falso que eso (por lo menos en mi caso).

Casarme no ha significado más que un compañero para mis días, una mirada que me acompaña cada mañana y una voz de aliento que jamás falla. No he dejado a un lado mis ganas de conocer todos los rincones de Colombia, mi profesión o mis deseos de ser madre después de los 30 (o más para allá, ¡je!). Sigo disfrutando tardes y noches de solo chicas y, por supuesto, tengo amigos del sexo opuesto.

Creo en el amor para siempre, pero sobre todo creo que no hay una edad para encontrarlo. No se es muy joven o muy viejo para decirle sí al amor. ¿Acaso no es el matrimonio una simple firma de papeles? Lo único que nos diferencia con una pareja que decide convivir son los documentos que ante la ley registramos.

Quizá muchos deben dejar de meterle tanto drama al matrimonio y en general, al compromiso. No soy una pecadora por casarme joven, pero sí soy una pésima millennial que prefiere establecerse, tener hijos y creer en el amor chapado a la antigua. ¿Por aquí alguna hace parte del club?

“Nacimos en un tiempo en el que si algo se rompía, se arreglaba, no se tiraba a la basura”.

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